Dióxido de Cloro

Realidad y Mitos en Toxicología
Toxicocinética

El dióxido de cloro (CAS 10049-04-4) es un agente de gran potencia con propiedades oxidantes, bactericidas, fungicidas, alguicidas y antisépticas. Se emplea en la industria de la pasta de papel como agente blanqueador en combinación con el clorato sódico (NaClO₂) en una proporción muy baja de 1:170. No obstante, este hecho carece de relevancia en cuanto a sus aplicaciones médicas, dado que también se utiliza como desinfectante en el suministro público de agua para consumo humano. El dióxido de cloro puede ser utilizado tanto en forma gaseosa como disuelto en agua, y ambas formas presentan una importancia toxicológica considerablemente diferente.

El gas puro, en concentraciones elevadas, puede provocar
irritación en los ojos, la piel y las vías respiratorias de las personas expuestas. Sin embargo, la exposición más común de la población general al dióxido de cloro es a través del consumo de agua desinfectada y es considerado seguro. Además, no se considera un compuesto ambientalmente persistente, ya que se degrada rápidamente en agua. No existen pruebas que indiquen inmunotoxicidad, toxicidad reproductiva o carcinogenicidad del dióxido de cloro, y los estudios sobre genotoxicidad presentan resultados contradictorios que requieren aclaración.

La forma disuelta de dióxido de cloro en agua puede ser absorbida rápidamente a través del
tracto gastrointestinal. Los niveles máximos de concentración en sangre se pueden alcanzar dentro de una hora después de una dosis única administrada por vía oral. También puede ser absorbido lentamente a través de la piel, con un tiempo de absorción de hasta 12 horas. En concentraciones altas, de forma oclusiva, puede causar irritación cutánea.

El dióxido de cloro se metaboliza principalmente en
cloruro sódico (sal común) y oxígeno, eventualmente se pueden encontrar trazas de clorito y clorato. La mayor parte del dióxido de cloro administrado y sus metabolitos permanecen en la sangre, seguidos por los riñones, los pulmones, el estómago, el intestino, el hígado y el bazo, donde reaccionan rápidamente con ácidos presentes como el ácido láctico, úrico, histamina o patógenos mediante oxidación. Según estudios, aproximadamente el 43% del dióxido de cloro administrado por vía oral se elimina en la orina y las heces en un plazo máximo de 72 horas. No se excreta a través de los pulmones. 

No existen pruebas que indiquen
inmunotoxicidad, toxicidad reproductiva o carcinogenicidad del dióxido de cloro.

DL50 oral rata
Valor: 292 mg/kg
JAT, Revista de Toxicología Aplicada. Vol. 2, Pg. 160, 1982. (Datos oficiales de la EPA)
Gráfico logarítmico donde se aprecia la falta de toxicidad del dióxido de cloro en las dosis usadas.

Se ha observado que muchos medios de comunicación, especialmente en las grandes cadenas, advierten sobre el peligro del dióxido de cloro basándose en un testimonio anecdótico que absolutamente care de rigurosidad y de fundamentos científicos. Este testimonio proviene de un comunicado de la FDA (Food and Drug Administration, EEUU) y fue copiado por la mayoría de las Agencias sanitarias en el mundo sin comprobación técnica alguna.

 

 

En dicho comunicado, se advierte sobre el peligro de consumir dióxido de cloro, pero no se especifica la cantidad, la concentración ni la duración de la supuesta toxicidad. Además, citan algunos casos de supuesta intoxicación citando precursor de clorito sódico, que es una sal y no un gas como el CDS, confundiendo estas dos sustancias de forma ignorante o quizás deliberada.

 

 

Alegar que una sustancia es tóxica sin proporcionar información precisa avalada con las cantidades tóxicas carece de validez por definición. Además, ninguna agencia sanitaria puede citar casos científicamente comprobados del CDS ni estudios que respalden esta afirmación. Wikipedia advierte sobre una supuesta toxicidad basándose en artículos mediáticos y no científicos, incluso alegando supuestas muertes que demostraron ser falsos y tergiversados sin citar fuentes, ni tener veracidad científica, ni permitir rectificación evidenciada por nuestro lado.

 

 

Todo profesional médico o toxicólogo sabe que cualquier sustancia en cantidades o concentraciones muy altas puede resultar tóxica para el cuerpo humano. La toxicidad del dióxido de cloro (292 miligramos por kilo) es similar a la de la cafeína (367 miligramos por kilo). Esto implica que una persona sana de 70 kg tendría que consumir alrededor de 20.440 mg de una gas disuelto en agua durante 14 días para intoxicarse, lo cual es imposible.

 

 

Según los estudios presentados en un informe de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), se ha determinado que el NOAEL es de 293 miligramos por kilogramo de peso corporal al día. Esto equivale a 210 mg en una persona de 70 kg y a 150 mg en una persona de 50 kg, sin que se produzcan efectos tóxicos. Esto implica que, en teoría, es posible aumentar la cantidad indicada en el protocolo C hasta diez veces sin experimentar ningún tipo de intoxicación, y el primer efecto adverso solo se observaría al multiplicar la dosis por veinte. Es importante destacar que esto no constituye una recomendación, pero demuestra claramente el amplio margen existente y la evidencia de la no toxicidad del CDS.

 

 

La cantidad máxima recomendada en los protocolos es de 30-60 mg diarios en adultos. Hablar de un peligro por la ingesta de dióxido de cloro en estas cantidades es completamente absurdo, especialmente después de 16 años de experiencias en las que no se ha registrado ningún problema grave relacionado con el CDS. Además, son cientos de miles de personas las que han compartido sus testimonios en Internet confirmando su eficacia y seguridad al mismo tiempo.